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Fuego

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El fuego me conmueve hasta lo más profundo, especialmente hoy que constituye un acto de justicia suprema, una revancha mucho tiempo aplazada, una venganza consciente y alevosa. Supongo que debería sentirme afortunada; tengo lo que todos codician de ella. Eran muchas las especulaciones y es que más de uno se consideraba con derecho a heredarla. Sus tres exmaridos, la cuidadora que fue su sombra luminosa los últimos años de enfermedad, el marchante de arte fiel que dejó a un lado su vida para ser sólo una parte de la de ella, para encumbrarla a lo más alto. Sí, todos tenían esperanzas y ambiciones, pero con la última rúbrica del Notario debieron agachar la cabeza y conformarse: yo y solo yo soy la heredera de su obra. Las llamas han perdido la timidez y ahora devoran ávidamente colores y siluetas, composiciones magistrales, perspectivas que le valieron el calificativo de genio, motivos nunca antes tratados con tanta valentía. Pero nada de eso soy capaz de apreciar mientras...

A vuelta de correo

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Aún le llamo Víctor, tal y como él firma los correos que me escribe, pero los dos sabemos que no es su nombre. La verdad es que a estas alturas se me haría raro llamarle de otra forma, incluso si él reconociera que su verdadero nombre, por el que le conocen sus amigos y familiares, es Jorge. Después de tanto tiempo es un detalle que ha dejado de importarme. Nos conocimos hace más de diez años a través de internet, no recuerdo exactamente cómo. Yo no buscaba nada en concreto, salvo quizás deshacerme de la soledad que me acechaba recién llegada a la ciudad, y no creo que él anduviera buscando a alguien parecido a mí, pero el caso es que pronto descubrimos que teníamos afinidad y que las horas se nos pasaban volando mientras chateábamos sentados frente al ordenador.  Entre otras cosas me hacía gracia que fuera tan serio, tan circunspecto, tan puntilloso con el lenguaje, tan exacto para definir las cosas. Aunque compartíamos eso yo era sobre todo guasa y risas, que es pa...

Promoción del 69

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Hacía un siglo que no sabía nada de ella. Bueno, un siglo no, solo veintiséis años, pero aquella tarde, para mi sorpresa, Montse se acordó de mí.  Confieso que aun no esperándolo en absoluto me alegró mucho su propuesta: “Hola, me acabo de encontrar con Beatriz y después de unas cuantas cañas hemos pensado que vamos a organizar una comida para reunirnos todas las alumnas del cole que cumplimos los cincuenta este año. Te agrego al grupo de whatsApp que hemos creado, ve metiendo a toda la gente que puedas localizar y corre la voz”.  Yo en ese instante iba en el coche precisamente a Granada, mi tierra, donde aún vive mi familia y donde estudié toda mi etapa escolar. ¡Cuántos recuerdos desperezándose en mi mente! ¡Cuántas anécdotas con las compañeras y profesores! Estuve allí desde los cuatro hasta los dieciocho años, como para no tener algún recuerdo por muy desmemoriada que una sea. Por lo general yo no necesito tener mi móvil en silencio, él ya es bastante di...